sábado, 10 de julio de 2010

Cuando un amigo te muerde

Siendo niño pertenecí al Movimiento Scout, ahí nos enseñaban entre otras cosas, la importancia de la “Buena Acción”...

Una buena acción consiste en realizar todos los días actos generosos y nobles, como recoger algún papel en la calle y botarlo en la papelera, ayudar en la casa a lavar platos, cuidar la fauna y la flora, ayudar a alguna persona anciana o impedida a cruzar la calle, etc. me gustaba mucho cumplir esa tarea.
Un día caminaba por una calle de la ciudad y vi a un perro tirado en plena vía sin poder moverse, estaba herido, un carro lo había atropellado y tenía rotas las dos patas traseras, los vehículos le pasaban muy de cerca y mi temor era que lo mataran porque era imposible que él solo pudiera levantarse.

Vi allí una gran oportunidad para hacer la “Buena Acción” y como buen Scout detuve el tráfico, me dispuse a rescatar al perro herido y ponerlo a salvo para entablillarle las patas, yo nunca había entablillado a nadie pero el “Manual Scout” decía cómo hacerlo.

Con mucho amor y entrega me acerqué, lo agarré pero me clavó los dientes en las manos. Inmediatamente me llevaron a la Sanidad y me inyectaron contra la rabia, aunque la rabia por la mordida no se me quitó con la vacuna.
Durante mucho tiempo no entendí por qué el perro me había mordido si yo sólo quería salvarlo y no hacerle daño, no sé que pasó y no me lo pude explicar.

Yo quería ser su amigo, es más, pensaba curarlo, bañarlo, dejarlo para mí y cuidarlo mucho. Esta fue la primera decepción que sufrí por intentar hacer el bien, no lo comprendí, que alguien haga daño al que lo maltrata es tolerable, pero que trate mal a quien lo quiera ayudar no es aceptable.
Pasaron muchos años hasta que vi claramente que el perro no me mordió, quien me mordió fue su herida; ahora si lo entiendo perfectamente, cuando alguien está mal, no tiene paz, está herido del alma y si recibe amor o buen trato ¡muerde!, pero él no hunde sus dientes, es su herida la que los clava.

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domingo, 4 de julio de 2010

jueves, 17 de junio de 2010

Los niños ven. Los niños hacen

Un amigo nos envía esta reflexión (J.A.L.G.), que nos invita a estar muy atentos...


(Los niños ven. Los niños hacen)
NAPCAN's latest campaign for a Child Friendly Australia.


miércoles, 19 de mayo de 2010

REFLEJO DE LA VIDA

Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada del pueblo.

Un día, un joven se le acercó y le preguntó:

"Yo nunca he venido por estos lugares, ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?"

El anciano le respondió con otra pregunta: "¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?"

"Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allá"
"Así son los habitantes de esta ciudad", le respondió el anciano.


Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: "Voy llegando a este lugar, ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?"

El anciano, de nuevo, le contestó con la misma pregunta:

"¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?"

"Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos, que me ha costado mucho separarme de ellos"

"También los habitantes de esta ciudad son así", respondió el anciano.

Un hombre que había llevado a sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano: "¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?"


"Mira" - le respondió - "Cada uno lleva el universo en su corazón. Quién no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas, encuentran siempre lo que esperan encontrar".



TODO LO BUENO Y LO BELLO DE LA VIDA QUE

NECESITAS, LO LLEVAS DENTRO DE TI -

¡¡¡SIMPLEMENTE DÉJALO SALIR !!!

lunes, 1 de marzo de 2010

Pedazos de Amistad

El tiempo que pasamos con cada amigo es lo que hace a cada amigo tan importante.







Las amistades se construyen de a pedacitos. Pedacitos de tiempo que vivimos con cada persona.




No importa la cantidad de tiempo que pasamos con cada amigo, sino la calidad del tiempo que vivimos con cada persona. Cinco minutos pueden ser más importante que un día entero.






Así, hay amistades hechas de risas y dolores compartidos; otras de la escuela, otras de salidas, cine y diversión; también están aquéllas que nacen y no sabemos de qué o por qué, pero sabemos que están presentes.





Tal vez éstas estén hechas de silencios compartidos, o de mutua simpatía que no tiene explicación. Hoy también hay muchas amistades hechas sólo de emails, nuestras “amistades virtuales” nos hacen reir, pensar, y reflexionar…

                       


Aprendemos a amar a las personas sin juzgarlas por su apariencia o modo de ser, sin poder etiquetarlas (como a veces hacemos inconcientemente).


Hay amistades profundas que nacen así.

Pienso que el tiempo que pasamos con cada amigo es lo que lo hace tan importante.

Porque el tiempo “perdido” con amigos no existe, sólo es tiempo ganado, aprovechado y vivido.

Son recuerdos para un momento o para toda una vida.


 
Un amigo se torna importante para nosotros y nosotros para él, cuando somos capaces, aún en su ausencia, de reír o llorar, de extrañar o querer estar bien cerca de él sólo para disfrutar de su compañía.





Podemos tener varios mejores amigos de diversas maneras.

Lo importante es saber aprovechar al máximo cada minuto vivido y tener después, en nuestros recuerdos, horas para pasar con ellos, aunque estén lejos.




“TÚ MISMO ERES RESPONSABLE DE LO QUE COSECHAS… … Y APRENDE A COSECHAR LAS COSAS BUENAS…”





“El auténtico amigo es el que lo sabe todo sobre ti y sigue siendo tu amigo.”



domingo, 10 de enero de 2010

"Esa clase de amor..."

Muy temprano, aquella mañana, un anciano llegó a la clínica.
Necesitaba curarse una pequeña herida en la mano...
Mientras el doctor de turno lo atendía, notó que el hombre estaba muy inquieto, como con prisa.


Así que le preguntó que era eso tan urgente que tenía que hacer a esas primeras horas del día.
Para su sorpresa, le dijo que tenía que ir, como todos los días, a la residencia de ancianos para desayunar con su esposa que vivía allí.


Le contó que ella llevaba algún tiempo en ese lugar porque tenía un Alzheimer muy avanzado
El doctor pensó en lo cruel de esta enfermedad, que en forma progresiva hace perder la memoria a quien la padece. El sabía que eso hace sufrir mucho al resto de la familia.


Mientras finalizaba de vendar la herida, le preguntó si ella se alarmaría en caso de que el llegara tarde esa mañana.

No, contestó el hombre, ella no sabe ya quien soy yo.
Hace unos 5 años que no me reconoce.
Entonces, le preguntó el médico extrañado, si ya no sabe quien es usted ¿por qué acude para estar con ella todas las mañanas?
El anciano sonrió. Mientras le daba una palmada en la mano al doctor, le confió:
“Ella no sabe ya quien soy yo, pero yo sé muy bien quien es ella”.
El doctor tuvo que contener las lágrimas mientras salía de su asombro.
Pensó en que esta pareja tenía esa clase de amor que trasciende lo físico e incluso lo romántico.
Esa clase de amor que acepta al otro tal como es. Que lo acepta por lo que ha sido, por lo que será, e incluso por lo que ya nunca podrá ser.

El médico pensó que esa clase de amor es la que hace falta hoy en día. Pensó que esa es la clase de amor con que todos deberíamos ser bendecidos en nuestro hogar.
Hoy en día se vive rápidamente.
La gente ya no quiere subir por la escalera de la vida, pretende hacerlo por un elevador.
Se cambia de automóvil, de casa, de muebles, incluso de ciudad y aún de país.
Por ello los valores fundamentales, como esa clase de amor, son los que nos darán la estabilidad emocional que tanto necesitamos.

LO NEGATIVO: Pensar egoístamente, que en el amor solamente existo yo.
LO POSITIVO: Comprender que “hay esa clase de amor”, que estabiliza nuestras vidas

sábado, 31 de octubre de 2009

Lo mejor...mirar nuestro interior...



Sábanas

Una pareja de recién casados, se mudnó para un barrio muy tranquilo.

En la primera mañana en la casa, mientras tomaba café, la mujer reparó a través de la ventana que una vecina colgaba sábanas en el tendedero...

-Qué sábanas sucias está colgando en el tendedero! Está precisando de un jabón nuevo...¡si yo tuviese intimidad le preguntaría si ella quiere que yo le enseñe a lavar la ropa!

El marido miró y se quedó callado.

Algunos días después, nuevamente , durante el desayuno, la vecina colgaba sábanas en el


tendedero y la mujer comentó con el marido:



-¡Nuestra vecina continúa colgando las sábanas sucias! ¡Si yo tuviese intimidad le preguntaría si ella quiere que yo le enseñe a lavar la ropa!

Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina colgaba su ropa en el tendedero.


Había pasado un mes, la mujer se sorprendió al ver las sábanas siendo tendidas, y entusiasmada fue a decir al marido:

-¡Mira, ella aprendió a lavar la ropa¡

¿Será que la otra vecina le enseñó?

Porque yo no hice nada.

El marido calmosamente respondió:


-No, hoy yo me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana.







Y así es.
Todo depende de la ventana, a través de la cual observamos los hechos



Antes de criticar, debemos comprobar si hemos realizado hizo alguna cosa para contribuir.

Verifique sus propios defectos y limitaciones.

Debemos mirar, antes de todo, para nuestra propia casa, para adentro de nosotros mismos.

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Buenos momentos...

Piensa antes de hablar

Amor se escribe con P

El Arca de Noe